En Colombia, hablar de educación inclusiva es hablar de derechos, pero también de barreras persistentes, algunas visibles (infraestructura, señalización), otras silenciosas (prejuicios, trámites, falta de formación). Muchas veces la exclusión no llega como un «no puedes», sino como un «aquí no sabemos cómo». Y ahí, precisamente, la comunidad universitaria tiene un papel decisivo: reconocer la diversidad como parte natural de la vida académica y construir entornos donde nadie tenga que adaptarse en soledad.
Lo que la inclusión significa de verdad (más allá del discurso)
El enfoque inclusivo plantea que es el sistema educativo el que debe ajustarse para garantizar participación y aprendizaje, no el estudiante quien debe encajar a la fuerza. En Colombia, este compromiso tiene respaldo normativo en la Ley 1618 de 2013 y el Decreto 1421 de 2017, que impulsan entornos educativos no segregados, con ajustes razonables y apoyos específicos para estudiantes con discapacidad.
A nivel territorial, la Secretaría de Educación del Distrito ha señalado que las aulas de apoyo pedagógico no desaparecen, sino que evolucionan hacia modelos de acompañamiento más inclusivos y articulados al aula regular. Este tránsito implica acompañamiento especializado, formación docente y transformación cultural.
Retos que también se viven en la universidad
1. Inclusión formal vs. inclusión efectiva
Matricular no es sinónimo de incluir. Cuando no existen ajustes curriculares, apoyos adecuados o estrategias pedagógicas diferenciadas, puede surgir una exclusión silenciosa: el estudiante está presente, pero no participa ni aprende en igualdad de condiciones.
La inclusión efectiva exige revisar prácticas evaluativas, metodologías y dinámicas de aula para asegurar accesibilidad real.
2. Formación docente y recursos
Uno de los desafíos más señalados es la preparación. Muchos docentes desean responder adecuadamente a la diversidad, pero no siempre cuentan con herramientas para adaptar contenidos, diversificar evaluaciones o implementar estrategias didácticas inclusivas.
Invertir en formación continua no es un lujo: es una condición necesaria para garantizar calidad educativa con equidad.
Lo que tú puedes cambiar desde tu rol de estudiante
La inclusión no depende únicamente de políticas institucionales. También se construye en lo cotidiano:
- Cuida el lenguaje y corrige con respeto. No es «pobrecito» ni «limitado». Es una persona, punto.
- Diseña trabajos en equipo sin excluir. Distribuye tareas considerando fortalezas reales, no estereotipos.
- Pregunta antes de ayudar. Apoyar sin infantilizar es parte del respeto.
- Haz visibles las barreras. Si un recurso no es accesible (PDF no editable, video sin subtítulos), repórtalo y solicita ajustes razonables.
La inclusión no es un gesto excepcional. Es una práctica cotidiana que transforma la comunidad en un espacio donde cada persona puede aprender, participar y desarrollarse con dignidad. Y ese cambio comienza, muchas veces, con acciones pequeñas, sostenidas y conscientes.
Fuente: pulzo.com