Hay una idea que se repite en la vida universitaria, casi como una consigna: «si te esfuerzas, lo logras». Y sí, el esfuerzo importa. Pero cuando la mente está sobrecargada, por ansiedad, tristeza persistente, problemas de sueño o sensación de no poder con todo, estudiar deja de ser un reto normal y se convierte en una batalla diaria.
No es falta de disciplina. Es una señal de que el bienestar emocional necesita el mismo nivel de atención que cualquier asignatura del pensum.
En Colombia, el tema ya no puede tratarse como secundario. Un artículo publicado por El Espectador advierte que seis de cada diez estudiantes universitarios presentan síntomas de ansiedad o depresión, una realidad que está presionando al sistema educativo a implementar estrategias más efectivas de protección psicoemocional.
En UNINCOL, hablar de salud mental no es exageración: es una conversación necesaria para sostener el aprendizaje, la permanencia y el proyecto de vida.
La universidad no ocurre en el vacío
La experiencia universitaria se vive mientras pasan muchas otras cosas: trabajo, dificultades económicas, responsabilidades familiares, duelos, rupturas, incertidumbre profesional y, en muchos casos, el peso de ser la primera persona del núcleo familiar en acceder a educación superior.
El análisis de El Espectador señala que el sector universitario colombiano ha enfrentado transformaciones profundas marcadas por la pandemia, el aumento de desigualdad, la presión social amplificada por redes digitales y la desconexión emocional. Este panorama configura un contexto complejo para el bienestar estudiantil.
¿Por qué la salud mental sí define el rendimiento académico?
Cuando la salud mental se afecta, el impacto no es invisible. Se manifiesta en:
- Dificultad para concentrarse y retener información.
- Procrastinación asociada a bloqueo emocional.
- Ausentismo e aislamiento.
- Conflictos interpersonales.
- Sensación constante de amenaza o fracaso, incluso con buenos resultados.
Señales de alerta: cuándo dejar de aguantar en silencio
Hablar de bienestar emocional también implica reconocer señales tempranas. No para autodiagnosticarse, sino para pedir apoyo oportuno:
- Cambios significativos en sueño o apetito.
- Crisis de llanto, irritabilidad persistente o ataques de pánico.
- Sentimientos de inutilidad o desesperanza.
- Consumo de alcohol u otras sustancias como forma de evasión.
- Pensamientos recurrentes de hacerse daño o desaparecer.
Del discurso a la ruta institucional
Si la salud mental es un pilar del éxito académico, la universidad debe sostenerlo con acciones claras:
- Rutas de atención visibles y sin trámites innecesarios.
- Acompañamiento psicológico oportuno, no solo en crisis.
- Formación docente en competencias socioemocionales.
- Programas de habilidades para la vida: manejo del estrés, comunicación asertiva y resolución de conflictos.
- Estrategias antiestigma que promuevan conversaciones respetuosas.
Fuente: El Espectador