En Colombia, hablar de naturaleza no significa referirse únicamente a bosques, ríos o especies animales. También implica reconocer las historias, los sonidos, los colores, los rituales y los saberes que cada comunidad ha construido alrededor de su territorio. Cuando una persona pinta un paisaje, compone una canción sobre el agua, representa una obra de teatro sobre la defensa de un humedal o recupera una tradición ancestral, está construyendo una forma de relacionarse con la vida.
Por eso, el arte puede convertirse en una herramienta poderosa para la educación ambiental. No se limita a transmitir información: despierta emociones, provoca preguntas y permite que las comunidades reconozcan que la protección de la naturaleza también está vinculada con su identidad, su bienestar y su futuro.
El Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes ha incorporado esta mirada en el Plan Nacional de Cultura 2024-2038, cuyo enfoque reconoce la conexión entre diversidad biológica, diversidad cultural y sostenibilidad. El documento plantea que las artes, las memorias y los saberes tienen un papel protagónico frente a los desafíos del cambio climático y la transformación de los territorios.
Cuando la cultura cuenta lo que está en riesgo
Una campaña como «La belleza es biocultural», presentada por el Ministerio de las Culturas durante la COP16 Colombia, demuestra que la creación artística puede acompañar conversaciones urgentes sobre biodiversidad. Esta estrategia reunió tradiciones, saberes, muestras artísticas, foros y actividades de intercambio para visibilizar la relación entre las culturas y la naturaleza. La programación de la COP de la Gente incluyó más de 280 eventos relacionados con estos temas.
Este tipo de iniciativas permite comprender que la crisis ambiental no se comunica únicamente mediante cifras o informes científicos. También puede narrarse a través de una fotografía que muestra la transformación de un páramo, una ilustración sobre las aves de una región, una danza inspirada en los ciclos del agua o un mural comunitario que recupera la memoria de un río.
El arte traduce problemas complejos a lenguajes cercanos. Allí donde una explicación técnica puede parecer distante, una historia, una imagen o una canción puede generar identificación y motivar la participación. Esta conexión emocional es especialmente importante en procesos educativos dirigidos a niñas, niños, jóvenes, comunidades étnicas y grupos poblacionales diversos.
Aprender desde el territorio
La actualización de la Política Nacional de Educación Ambiental de Colombia fortalece la participación ciudadana, el diálogo entre conocimientos científicos y saberes comunitarios y el reconocimiento de la diversidad biocultural. También concibe el territorio como un espacio de aprendizaje y transformación social.
En este contexto, los proyectos culturales complementan la educación ambiental mediante podcasts, exposiciones, laboratorios de materiales reutilizados u obras sobre el consumo responsable. Más allá del resultado, estos procesos invitan a observar, investigar, dialogar y crear colectivamente.
Para quienes se forman en (UNINCOL), esta perspectiva ofrece oportunidades en áreas como la educación, la comunicación, el diseño, la gestión cultural, el trabajo comunitario y la investigación social. Además, fortalece la creatividad, la colaboración, la expresión emocional, el sentido de pertenencia y la relación consciente con el entorno. Así, las comunidades pueden transformar sus preocupaciones ambientales en acciones, imaginar soluciones y contribuir a su bienestar.
Fuentes consultadas
- Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Plan Nacional de Cultura 2024-2038.
- Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. La belleza es biocultural, COP16 Colombia.
- Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Nueva Política de Educación Ambiental de Colombia.