Llegas a la tienda de la esquina con mil pesos contados, con hambre entre clases y con antojo de algo rápido. La gaseosa, el paquete de papas y la galleta de chocolate parecen la solución más fácil. Pero cuando pasas por caja, el precio ya no es el de antes. No es un error del tendero. Estás pagando el impuesto a los alimentos ultraprocesados y, sin darte cuenta, también estás pagando con tu energía, tu concentración y tu salud
Ser estudiante en Colombia es hacer malabares con el transporte, las fotocopias, el almuerzo y la matrícula. Cada peso cuenta. Por eso este impuesto, que busca desincentivar el consumo de alimentos poco saludables, te toca directamente. Entenderlo no es solo un tema de economía, es una herramienta para cuidar tu bolsillo y tu bienestar. .
Qué te están cobrando y por qué
Los alimentos ultraprocesados son productos industriales listos para comer o beber, cargados de azúcares añadidos, sodio, grasas saturadas, colorantes y saborizantes. No hablamos de la arepa, el arroz o la fruta fresca. Hablamos de gaseosas y bebidas energizantes, jugos de caja con azúcar añadida, papas fritas de paquete, galletas dulces, ponqués industriales, chocolates de bajo cacao, cereales azucarados, embutidos, salsas ultraprocesadas y comidas congeladas listas para calentar.
Y el impacto ya se nota en las cuentas del país. Como lo reporta El Colombiano, el impuesto a los alimentos ultraprocesados ya recauda 1,9 billones en Colombia, al tiempo que preocupa el alto consumo de comida chatarra. Es decir, seguimos comprando estos productos a pesar de pagar más por ellos. Para ti como estudiante, eso significa que mantener el hábito del paquete diario es hoy mucho más caro que hace dos años.
Cuando la alimentación define si te quedas o te vas
Esto no es menor. Sabemos que los costos indirectos — el almuerzo, los refrigerios, el transporte — pesan tanto como la matrícula a la hora de permanecer en la universidad y la experiencia de las universidades públicas con Becas de Alimentación, Becas de Compensación y planes de pagos escalonados confirma lo mismo: garantizar la subsistencia del estudiante es garantizar su graduación.
Cada vez que eliges un alimento ultraprocesado gravado, estás destinando una parte mayor de tu presupuesto a algo que te nutre menos y te deja con hambre más rápido. Es el peor negocio para un estudiante: pagas más, te alimentas peor y rindes menos en parciales y trabajos.
Cómo darle la vuelta: comer mejor gastando menos
La buena noticia es que comer saludable en la universidad sí puede ser más barato, si cambias la estrategia:
1. Piensa en saciedad, no solo en el antojo. Un paquete de papas de 3.500 pesos te dura diez minutos y te deja con más sed. Por ese mismo valor puedes comprar banano, mandarina, guayaba de cosecha, maní natural o una avena en agua con panela. Te llenan más, te sostienen por horas y no tienen impuestos.
2. Haz del agua tu mejor aliada. Las bebidas azucaradas son las más gravadas y las más engañosas. Una botella de agua que recargas en la universidad cuesta cero. Si quieres sabor, lleva limonada natural, agua de panela fría o infusión de frutas. Tu bolsillo lo nota en una semana.
3. Sé crítico con la publicidad. Los alimentos ultraprocesados no se venden por nutrición, se venden por remoción: colores neón, retos en redes, patrocinios de gamers y deportistas. Antes de caer, dale la vuelta al empaque y busca los sellos de exceso. Si dice«exceso en azúcares» o «exceso en sodio», ya sabes por qué pagas más.
Pregúntate:¿me está alimentando o solo me está entreteniendo? Cuidarse no significa dejar de darte un gusto de vez en cuando. Significa que ese gusto sea una
decisión consciente, no la única opción por desconocimiento o por afán.
Fuentes consultadas