Cuando el bosque arde, nos arde todo: prevenir incendios forestales también es cuidarnos

Respirar humo a kilómetros de distancia, ver el cerro de tu ciudad teñido de naranja al atardecer, sentir que el calor no da tregua. Si has vivido una temporada seca intensa en Colombia, sabes que los incendios forestales no son una noticia lejana. Son una amenaza directa para el aire que respiras, el agua que tomas y la biodiversidad que nos hace únicos en el mundo.

Y duele porque se puede evitar en gran parte. La alerta reciente del IDEAM, que puso en vigilancia por riesgo de incendios a más de 300 municipios del país, nos recuerda que las condiciones climáticas extremas prenden la mecha, pero las acciones humanas deciden si esa chispa se convierte en tragedia.

Por qué Colombia arde con tanta facilidad

No es solo «hace mucho calor». Es la combinación de sequía prolongada, vientos fuertes, vegetación seca y prácticas de riesgo como quemas agrícolas no controladas, fogatas mal apagadas, colillas arrojadas o vidrios abandonados que actúan como lupa bajo el sol.

El resultado va mucho más allá de los árboles perdidos: se destruye el hábitat de especies endémicas, se empobrece el suelo por años, se contaminan fuentes hídricas con ceniza y se afecta la salud respiratoria de niños, adultos mayores y personas con asma. Las comunidades rurales pierden cultivos, viviendas y medios de vida en cuestión de horas.

La Política Nacional de Educación Ambiental, en su segunda edición de junio de 2026 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y el Ministerio de Educación Nacional, lo dice con claridad: durante años hemos abordado lo ambiental de forma descontextualizada y reduccionista, centrados solo en la contaminación o en los residuos, o limitados al activismo de efemérides. Y advierte que seguimos sin vincular plenamente el potencial de la diversidad biocultural del país, invisibilizando los sistemas de conocimiento propios frente a la monocultura epistémica.

Lo que sí está en tus manos como cuidadano 

La buena noticia es que la prevención más efectiva es cotidiana y no requiere ser guardabosques. Requiere conciencia ciudadana:

1. Cero fuego en zonas de riesgo. En paseos, caminatas ecológicas o fincas, evita por completo las fogatas, asados a leña y quemas de basura en áreas secas o con viento. Una brasa mal apagada puede viajar metros y reactivarse horas después.

2. No dejes rastro combustible. No arrojes colillas, fósforos, carbón ni botellas de vidrio o latas en pastizales, cerros o bordes de carretera. Recoge lo que veas si es seguro hacerlo y repórtalo.

4. Actúa sin exponerte. Si ves humo o fuego incipiente, no intentes apagar un incendio forestal por tu cuenta. Aléjate en dirección contraria al viento y al humo, busca zona despejada y avisa de inmediato a Bomberos línea 119, Defensa Civil 144 o a la autoridad ambiental local. Comparte ubicación exacta, punto de referencia y dirección del viento.

Prevenir es también aprender de otra manera

Proteger los bosques es proteger la vida y la biodiversidad que sostiene el Fondo para la Vida y la Biodiversidad y los compromisos del país frente al Convenio sobre la Diversidad Biológica y la Convención Marco sobre Cambio Climático. Cada hectárea que no se quema es agua, aire, alimento y futuro.

El bosque no puede pedir ayuda. Nosotros sí podemos dársela a tiempo. Y cuando elegimos no prender fuego, estamos eligiendo que Colombia siga viva, diversa y respirable.

FUENTES:

Colaboradores


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